miércoles, septiembre 27, 2006

LA MENTE DEL CONSUMIDOR
Del si mismo

2.
“No os avergonzais por la adquisición de la riqueza y por la reputación del honor, pero no os preocupais por vosotros mismos, por la sabiduría, la verdad y la perfección del alma”. Estas son palabras de Sócrates en la Apología de Platón, cuando se presenta ante los jueces.
Aquí tenemos una de las primeras apariciones de este preocuparse por uno mismo, en la Grecia antigua. Estamos ubicados en los dos últimos siglos anteriores a la era cristiana. Este precepto era para los griegos, fundamental en la vida de la ciudad. Nunca antes en la historia del pensamiento y la escritura, se había enunciado idea tal.
Pero la primera noticia que tenemos de esta idea, la primera huella escrita, la encontramos en el Alcibíades I de Platón. Este diálogo servía en la antigüedad y para los neoplatónicos fundamentalmente, de punto de partida para iniciarse en la filosofía de Platón.
Alcibíades es un hombre con aspiraciones políticas, a punto de lanzarse a la vida pública, pero que requiere de la ayuda y el consejo de Sócrates para desarrollar aptitudes de lider.
¿Qué devolución recibe? Sócrates le dice que para adquirir técnica, debe proponérselo, debe epimelesthai sautou (preocuparse de si). En este texto se analiza esta noción de ocuparse de si mismo en dos preguntas: ¿qué es este si mismo y como sería su cuidado?
¿Qué es este “si”? Alcibíades encuentra la respuesta: el si no es la ropa, los bienes, las posesiones, el cuerpo, la fachada, si no el principio activo que se inviste de todo lo anterior, esto es, el alma. Uno se tiene que preocupar por el alma. Este es el cuidado de si originario. El cuidado de la actividad del alma. ¿En que consiste el alma? El alma no tiene la capacidad de escrutarse a si misma, es inconmensurable con respecto a si, no se puede volver hacia si. Para ello debe contemplarse en un elemento que participe de su esencia y que le devuelva su propio reflejo, o sea, el elemento divino. En esta contemplación de lo divino, encontrará su alma las reglas y las bases para conducirse políticamente. En lo divino está la buena senda para comportarse como buen político.
Aquí se mezclan y alternan dos cuestiones, el cuidado de si y el conocimiento de si, y ambas se relacionan con la actividad política y el examen del alma.
Este diálogo socrático, está inserto en un contexto histórico donde el cuidarse a si mismo estaba en plena emergencia y planteaba problemas del tipo: si me ocupo de la política ¿cómo me ocupo de mi mismo? ¿cuándo debo abandonar la política para dedicarme al cuidado de mi?
Platón mas tarde pondrá el acento en el conócete a ti mismo. Luego, en el período grecoromano, el acento vuelve a recaer sobre el cuidado de si. En definitiva, el cuídate a ti mismo estaba instalado en el pensamiento, aceptado por Epicúreo y sus sucesores, por los estóicos, Séneca, Galeno, pero no como una idea abstracta, si no como una actividad a desplegar muy compleja. Se empezó a aconsejar el apartarse del ajetreo diario y retirarse unos minutos, horas o días y recluirse en si para leer, meditar o prepararse para los reveses del destino. Se empezó a tomar notas sobre uno mismo, se anotaban la modulaciones de si, para luego poder revisarlas, releerlas. Se comenzó a escribir cartas con consejos a los amigos. Ahí tenemos las cartas de Séneca. Nunca antes en la historia del pensamiento, se encuentra este acento tan fuerte puesto en esta especie de yo inaugural, primero, discursivo, parlante y escrito. Esto no estaba antes. Como toda invención o aparición, crea en el acto, su propio pasado, y nos hace pensar que nunca pudo no haber estado ahi. Y sin embargo, nunca había estado ahí.

Referencias:
Platón (Apología de Sócrates)
Platón (Diálogos: Alcibíades)
M. Foulcault (Tecnologías del yo)

(continuará)