
Ensayo sobre el aburrimiento y el tedio.
La vuelta del elemento excluido.
Mirando una torta publicitaria. Pasan los comerciales, uno a uno. Decenas de comerciales, superproducciones en algunos casos, cosas simples e ingeniosas en otros. Pero de a poco sobreviene una sensación opuesta a estar entretenido. Nos aburrimos.
¿Cuando uno se aburre?
Aburrimiento. Es llamativa la connotación de animalidad que conlleva este concepto del castellano, en el sentido de ser colonizados por un estado de burrez, de padecer algo del orden del burro. Supone que este animal en su estado natural, sufre de tedio. ¿Cómo saberlo?.
Pero por momentos, nos aburrimos. Algo aplastante nos hunde en una suerte de “todo es lo mismo, “todo da igual”. Los objetos luminosos, saltarines, coloreados del mundo, de repente palidecen, se emparejan, se apagan. La cartelera de cine nos agobia, cualquier película es lo mismo que la otra, toda música suena igual. Nada nos llama la atención. Esta capacidad de “llamarnos” de “convocarnos” que portaban los objetos, desaparece momentáneamente. Todo se equipara, se nivela, las diferencias se disuelven. El mundo se aplasta ¿Qué ha pasado aquí?. Esto que experimentamos como sensación, como percepción, como estado, ¿qué es?.
0, 1, 2 y 3
Aprovecho la oportunidad de la temática para introducir lo que podríamos llamar una lógica de entrecasa. Una pequeña lógica con números que, para empezar, no tienen otra función que ordenar el fenómeno. Esta característica de entrecasa, tal vez nos servirá mas tarde para aplicarla y extenderla a otras cuestiones.
Esta humilde lógica consiste en la siguiente sucesión numérica: 0, 1, 2 y 3.
Para empezar podemos imaginar que cada uno de estos numeritos implican lugares, dimensiones donde ocurren, se producen cosas.
Empecemos trabajando el primer término, el 0. Supongamos por un momento que en esta instancia no pasa absolutamente nada. ¿Es posible esto? Imaginar que no ocurra absolutamente nada. Parece imposible. Parece como que siempre están ocurriendo cosas, fenómenos, revoluciones, cambios, movimientos, a nivel físico, químico, cultural, político, personal, cotidiano, ¿cómo aburrirse en este mundo en constante ebullición?. Pues bien, convengamos que en esta instancia no ocurre nada. Aquí no hay nadie ni nada. No hay cosas, no hay pensamientos, no hay hablantes ni oyentes, no hay luz ni oscuridad, no hay agujeros ni superficies. No hay dirección a donde ir, no hay flechas indicadoras, no hay lugares. ¿A dónde se fueron las cosas de este mundo? ¿Dónde están las personas, los murmullos, el barullo, el ruido, los gritos, las voces, las órdenes y los acatamientos, los destellos? En realidad no es que se fueron. Es que jamás estuvieron ahí. Aquí, en mi 0, no hay cabida para el mundo. Podríamos decir que este 0 es inmundo. Rechaza al mundo como se rechazan el agua y el aceite. A su vez, el mundo lo excluye.
El 3
Volvamos a la pregunta ¿Dónde están las cosas de este mundo?. Aquí tenemos que pegar un salto; un salto que nos va a llevar al número 3. ¿Qué vamos a ubicar aquí?
En un ensayo anterior, Marketing, Política y Hegemonía, cité a F. Saussure y su Curso de Lingüística General, texto que nos introduce a las lógicas del lenguaje. Pues bien, en nuestro número 3, ubicaremos el lenguaje y todo lo que ello implica: el símbolo, el habla, la letra, las palabras, los enunciados y las enunciaciones, los conceptos, los discursos, los dichos, la gramática, la voz, las voces, lo ya pensado, lo pensable, lo por-pensar, lo dicho y no dicho, el grito y el silencio, la izquierda, el centro y la derecha, en fin, todas las diferencias posibles. Esto incluye en parte, los objetos de este mundo, pues damos por sentado y sin mayor explicación, que los objetos, ya sean culturales, tecnológicos o artísticos, están causados por esta dimensión de lenguaje, son hechos discursivos, que sin la dimensión del lenguaje, no existirían.
Entonces tenemos, en un extremo, la nada absoluta, impensable, grado 0, y en el otro extremo, el mundo del lenguaje y su producción. Dos órdenes que de movida, se excluyen, se refractan mutuamente.
Nos queda describir una zona intermediaria. Ahora estamos a nivel del 1 y del 2. ¿Qué es esta zona? Digámoslo rápidamente: se trata de nosotros mismos y nuestro semejante, yo y el otro, el sujeto y su compañía, el locutor y su alocutario, y que solo se entienden por medio de la dimensión del 3.
Es más, el 3 los incluye a 1 y 2. Seamos claros, 1 y 2 no son sin el 3. Este último los anima, les da vida, los hace hablar, los relaciona, los comunica, los convoca, les habla, los ordena y los uniforma, los enemista y los amiga, los asocia y los disocia, los hace reir y llorar, dar y recibir, justamente porque está inundando sendas existencias. El 3 se ubica “entre” el 1 y 2, a la vez que los contiene en su interior. Los hace pensar y pensarse, los hace lindos y feos, deseables e indeseables. En fin, induce en ellos efectos de realidad, efectos diferenciales y de diferencia. La sabiduría popular, al enunciar “no hay dos sin tres”, capta a su modo, esta lógica inherente a la existencia de los sujetos. 1 y 2 sujetados por el 3. Uno y otro conviven en el 3.
¿El nivel 0 queda por fuera de los tres niveles relacionados?
Ahora bien, 1 y 2 experimentan los efectos de 3. Efectos de significado, de sentido o sin sentido, de realidad e irealidad, de cambio, de movimiento, de alteración, tanto a nivel discursivo como a nivel fenoménico. Todo movimiento que se produce en el campo del 3, repercute con sus efectos en el campo de 1 y 2.
En esta estructura, ¿cómo aburrirse? Aquí siempre están pasando cosas, aquí siempre hay alegría y tristeza, dichas y desdichas, enojo y complacencia, furia y calma. Solo la intromisión de una dimensión de otro orden, puede alterar este juego. Aquí es donde empieza a tallar nuestro 0. Este elemento que quedó excluido del sistema, aparece en el horizonte.
Aquí tenemos que hacer un pequeño giro y decir que en realidad, el 0 no es ajeno a esta estructura. Solo lo es a nivel esquemático, para poder entender cada uno de estos niveles por separado. Pero en el fenómeno del tedio o aburrimiento, se produce una especie de avance del 0 sobre la estructura, o mejor dicho, una retirada parcial de la instancia tercera que induce efectos de diferencia sobre 1 y 2. Con el alejamiento parcial de 3, la dimensión 0 comienza a aparecer en el horizonte, aplastando las diferencias, opacando las formas, los desniveles se nivelan. Todo nos da igual. Inclusive el otro, el 2, se nos aparece como tedioso, opaco, sin gracia, nos des-ilusiona, pues la parte del 3 que le toca, que nos ilusionaba y nos alucinaba, está en baja, en menos. Pero ¿que es, en términos cotidianos, que el 3 emprenda una retirada?. En principio, que las cosas momentáneamente, no nos hablan, no nos llaman. Los elementos de nuestra realidad entran en nuestro campo siempre y cuando nos digan algo, signifiquen algo para nosotros, llamen nuestra atención. En el mundo del lenguaje, las cosas dicen, hablan, o al menos están señaladas, signadas, nos hacen señas. En segundo lugar, si las cosas ya no hablan, no significan, quiere decir que ya no pueden prometer. El tinte de promesa que portan las palabras, es lo que hace fulgurar a los objetos y a los sujetos, y cuando estos ya no son prometedores, el futuro se opaca, se desdibuja, pues toda promesa es a futuro, a posteriori. Un discurso que no es prometedor, aburre.
Podemos concluir diciendo que el tedio es la sombra del 0, la sombra de la nada que se presentifica cada tanto en la estructura, cada vez que se produce un déficit del la dimensión del 3. La instancia 0 está siempre presente en la estructura, pero velada por el 3. Lo podemos pensar con la declinación de la pareja, en la que el contrato matrimonial oficia de 3, uniendo a 1 y 2 (instancias bien diferenciadas) bajo deberes y derechos, pero en ese mismo movimiento, los empareja, los deja plantados en una relación que los pone a un mismo nivel. Es en este punto que el 0 vuelve por sus fueros, para boicotear lo que 3 ha unido, instalando la lucha entre lo diferente (prometedor) y lo mismo (aplastante).
El aburrimiento, el tedio, es una barrera, un obstáculo a superar, a vencer, para que el 3 continúe con la producción de lo diferente. O por lo menos, para terminar de leer este ensayo.
Daniel Katz
Referencias:
F. Saussure: Curso de Lingüística general.
J. A. Miller: Lógicas de la vida amorosa.


1 Comments:
Daniel:
Felicitaciones por el blog!
Tiene temas interesantes!
Muchos éxitos!!!
DANIEL COLOMBO
COLOMBO-PASHKUS
Prensa-Comunicación
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